viernes, 20 de abril de 2012

PUBLICADA EN AMAZON

Una vez terminada la novela, he decidido autopublicarla en amazon. Desde mañana, sábado, y por 5 días estará en promoción gratuita para quien quiera barjársela y leerla del tirón.Está publicada sólo en versión digital para leerla es necesario el kindle o bajarse la aplicación gratuita que hay para i pad y otros ebooks.

lunes, 16 de abril de 2012

AGRADECIMIENTOS

No quiero dar por concluido este blog dedicado a la novela "Los conquistadores de Filipinas" sin agradecerte a ti que en este momento me estás leyendo y a todos los que durante estos meses me habéis seguido fielmente. Me ha encantado ver día a día que lectores de tantos lugares del mundo han podido acompañarme en esta pequeña aventura. Doy las gracias también a los lectores que en el futuro encuentren este blog en las veredas perdidas de internet. Ha sido un orgullo descubrir que mi novela ha interesado a personas de España, de Alemania, de Rusia, México, EEUU y tantos sitios y sé que de no haber empezado este blog ninguno de vosotros habríais leído mi novela jamás. Espero que os haya gustado.

domingo, 15 de abril de 2012

EPÍLOGO


Don Gonzalo de Ronquillo no podía sospechar que su cargo vitalicio iba a ser muy corto, tres años después de su llegada murió. Antes se vio afectado por algunos de los males que aquejaban a Sande; así cuando Lavezaris murió, quedando su viuda como heredera única de las encomiendas, intentó una ruin maniobra y propuso a la desconsolada mujer que se casara con su primo Don Diego para evitar, de este modo, que cuando la anciana falleciera esas ricas tierras pasaran a manos de los indios como era costumbre en Filipinas. La buena mujer se negó.
El doctor Sande cargó veintidós toneladas de mercancías en los barcos que le llevaban a Acapulco y estuvo en México hasta 1.592 cuando se hizo cargo del Gobierno de Guatemala por cuatro años. Acabó sus días en Nueva Granada. Su forma de actuar continuó siendo parecida a la que había mostrado en Filipinas y sus continuos desmanes e injusticias llevaron en 1.602 al visitador Salierna de Mariaca a desplazarse hasta Santa Fe de Bogotá para inspeccionar sus posesiones y su forma de gobierno. La muerte de ambos dejó abierta la investigación. Tales fueron sus desmanes y crueldad que se le conoció en esta zona como el doctor Sangre.
El cuerpo del Padre Alfaro fue encontrado cuatro días después del naufragio. Una leyenda rodea su figura. Se asegura, aún en estos días, que se enterró su cuerpo incorrupto en una pequeña aldea del sur de Sumatra y que quienes se acercan a su tumba o invocan su nombre son obsequiados con milagros sin fin.
El Padre Lucarelli fue expulsado de Macao y amarrado en la bodega de un barco que cubría la misma ruta que tomara su desafortunado amigo, llegó a Malaca y regresó con el tiempo a Macao. El capitán Juan Díaz Pardo ingresó en la Orden de San Francisco con el nombre de Fray Juan el Pobre.
 Aquilino siguió su educación y a la muerte de Ronquillo, él y sus compañeros consiguieron la anhelada libertad que nunca soñaron tener. Acompañado de Amancio, ya muy mayor y casi ciego, regresó a Nueva España y abrió una escuela para niños ayudado por los franciscanos de México. Se casó con una india y tuvieron doce hijos, murió a los setenta años rodeado de una gran familia. Mariano prefirió quedarse a predicar con los agustinos en Filipinas en cuya orden ingresó.
La ciudad de Manila continuó su desarrollo. La llegada del primer Obispo, Fray Domingo de Salazar, y la construcción de la catedral cambió la fisonomía de las calles y elevó la esperanza de sus habitantes, aunque Manila fue destruida y reconstruida en numerosas ocasiones. Sufrió ataques y revueltas de los pueblos vecinos y varias incursiones de ingleses y holandeses. En el siglo XIX se generó un fuerte sentimiento nacionalista y, a mediados de ese siglo, las agitaciones provocaron serios disgustos a los españoles, hasta que en 1.892 se desencadenó la guerra total contra España. En 1.896 los nacionalistas se agruparon en una organización denominada katipunam y desafiaron con una cruel guerra de independencia la soberanía de España. En 1.898, el Archipiélago es cedido a los Estados Unidos de Norteamérica.

sábado, 14 de abril de 2012

RONQUILLO NUEVO GOBERNADOR DE FILIPINAS 2


El relevo de poder se llevó a cabo con toda normalidad. Sande se había prometido a si mismo no demostrar la humillación que sentía y sin dilación traspasó la dirección de Filipinas y se dedicó a preparar su regreso a Nueva España. Sahajosa y Bernardino de Sande decidieron quedarse de momento en Filipinas. Don Gonzalo de Ronquillo era abordado por capitanes, soldados y habitantes de las islas; todos querían darle la bienvenida y contarle sus cuitas personales con Sande. Ronquillo era prudente en sus manifestaciones porque sabía que un gobernador siempre es criticado y lo que veía en Manila, revelaba que su predecesor no lo había hecho tan mal. Los soldados vivían en casas confortables, la fortificación de la ciudad estaba terminada, las memorias oficiales reflejaban un control riguroso del gasto, la pacificación de la tierra había avanzado, los tratos con Borneo proseguían y los muelles recibían periódicamente la visita de los buques de China.


Mientras el doctor Sande terminaba de empaquetar sus infinitas posesiones decidido a embarcar el 22 de junio, Ronquillo tocó levemente con los dedos la gran mesa que a partir de ese momento iba a ser su lugar de trabajo y admiró el magnífico armario de artesanía oriental que le había regalado su predecesor. “Todavía hay mucho que hacer” pensaba hinchando su pecho, respirando con fruición el aire de esa habitación que representaba la culminación de sus aspiraciones. En cuanto llegó había tomado las riendas de las islas y se apresuró a tomar decisiones. Una criada filipina abrió la puerta y se sorprendió al encontrarlo allí, él pidió que le trajese algo de beber y separó la silla de la mesa, se sentó y tocó la pluma y el tintero que reposaban  en una esquina. Escribiría al virrey de Nueva España y mandaría la carta en el barco que llevaba a Sande.
“Salí de Panamá el 24 de febrero… Los de esta tierra han mostrado mucho contento y muestran estar muy molestos con el doctor Sande pero, según son de mal contentos dichos hombres de Indias, otro tanto puedo yo aguardar presto y más quien comienza a picarles en la bolsa. Yo hallé a casi todos los que viven en las islas ricos y a su Majestad pobre y tanto que si no es valiéndose de las haciendas de los ausentes y difuntos no pueden sustentar el gasto que tienen. Parecióme cosa rigurosa pasar adelante con que ganen 300 o 400 por ciento de las mercancías que llevan las naves de Su Majestad sin que ellas paguen fletes ni almojarifazgo. Así me he echado al agua y les he puesto a tres por ciento de entrada y salida de este reino y 12 pesos de flete de cada tonelada; todo es bien moderado y poco, según son gruesas las ganancias…” La criada llamó tímidamente a la puerta y entró con una botella de vino y un vaso, haciendo una reverencia salió. “Estoy pensando que lo más esencial es abrir la puerta a todos para este reino. Porque siguiéndose el trato y comercio con toda la gente de todas partes siempre entrará gente de refresco en ellas. También he visto grandes ganancias que hay de las cosas de China y de esta tierra vienen algunos navíos de particulares y así probaré los medios que me parecen buenos a tal ejercicio…” Sorbió la bebida con cara de satisfacción. “Según las buenas nuevas que se van teniendo de esta tierra se puede socorrer a los que quieran venir con solo el flete y el matalotaje. Aunque a Vuestra Merced le parece no conveniente entre mucha en ella, yo no lo entiendo así porque ninguna tierra puede ser mucho si la gente es poca y ella es la que rompe la tierra, labra las minas. Especialmente aquí nunca sobra gente porque son muchas las ocasiones y están muy a la mano en qué ocuparlas. Y lo principal es la China. Yo no estoy muy fuera de ella. Si me veo con caudal de gente y más teniendo a los portugueses…” Se levantó para contemplar el atardecer, encendió un candelabro que había en una repisa y lo acercó a la hoja que estaba escribiendo. “Lo que pienso este verano es ocupar las fuerzas, aunque tengo pocas y con poca salud, en la población de Ilocos y otros condados para buscar oro, para ver qué se puede aprovechar. Se necesitan más españoles, según me certifican en la Jornada de Borneo se perdieron doscientos. También sería preciso que enviaran a un boticario, ganaría bien de comer. Y arcabuces de munición y pólvora, todo lo demás por ahora puede esperar. La mitad de los que vinieron conmigo por marineros no lo son pero los aprovecharé como soldados”. La noche se echó encima, guardando la carta en un cajón salió hacia el comedor, la risa de Aquilino sonaba por toda la casa.

jueves, 12 de abril de 2012

RONQUILLO NUEVO GOBERNADOR DE FILIPINAS 1


Don Gonzalo de Ronquillo y la expedición de pobladores pasaron las Navidades de 1.579 en Panamá. Ronquillo oteaba el horizonte cada mañana esperando ver aparecer las velas de los navíos que los llevarían por fin a su destino, pero su vigilancia era en vano. Mandó un correo urgente al virrey de Nueva España para que le proveyera de gente y completar el número inicial de pobladores muy menguado por las deserciones y muertes, en Panamá desaparecieron casi ochenta hombres más. A finales de enero, las dos esperadas naves llegaron y el júbilo del campamento fue inmenso. Todos se apresuraron a cargar lo necesario para la larga travesía y el 24 de febrero de 1.580 desplegaron velas rumbo a Acapulco, primera escala donde otro navío con cincuenta voluntarios se uniría a la pequeña flota. Habían permanecido en Panamá cuatro meses. La navegación hasta Filipinas fue más corta, tres apacibles meses y después de tantos infortunios casi no se lo podían creer, sin ningún contratiempo. El 1 de junio lanzaron las amarras en el puerto de Manila.
- Mira, Diego, lo hemos conseguido.
    Gonzalo, emocionado, no pudo evitar dar un abrazo a su primo.
    - Eh, ¿qué modales sensibleros son esos para el gobernador de estas islas?- le contestó Diego desembarazándose del abrazo. - Veo acercarse a nuestro amigo Sande y no vamos a darle el gusto de que vaya diciendo a nuestras espaldas que somos dos mujercitas.
      Aquilino, que había crecido mucho durante el largo viaje y se había convertido en un espigado muchachito con una sombra de bozo sobre su labio superior, gritaba en cubierta "hemos llegado. Por fin, hemos llegado". Amancio y Mariano sonreían y hablaban. "Creí que nunca íbamos a pisar estas extrañas tierras". "No se apresure, Amancio, que todavía estamos en el barco..." Los demás criados empezaron a sacar los baúles más necesarios, subían y bajaban las escaleras deprisa, con ganas de pisar suelo firme. Los colonos que aún estaban en la bodega cantaban, los que miraban a Manila desde cubierta se abrazaban y besaban sin importarles lo que dijeran los extraños. Las pocas mujeres que habían conseguido superar la prueba, diez en total, atusaban sus cabellos y se arreglaban los vestidos raídos y sucios. La misma algarabía se formó en el puerto. Los mercaderes chinos cerraban más sus ojos y preguntaban el motivo de tanto alboroto. Los indios iban colocándose en fila para descargar las bodegas de los barcos en cuanto tocaran los muelles.
      Gonzalo de Ronquillo tuvo el mismo recibimiento que cinco años atrás Sande; aunque éste, en contra de lo que hizo Lavezaris, fue a recibirlo al puerto en cuanto se divisaron las naves y le dieron el aviso.
      - Encantado de verle, doctor Sande. Ha sido un viaje muy trabajoso. .. En varias ocasiones pensé que no llegaríamos a Manila.
        Ronquillo se alejaba con el gobernador hacia el centro de la ciudad.
        - Vamos a las Casas Reales para proceder al traspaso de poderes.
          El gobernador vio a Don Diego pero no se molestó en saludarlo.
          - No hay prisa, desearía escuchar primero una Misa en agradecimiento a la bondad del Señor que nos ha traído sanos y salvos hasta ustedes. Hay un religioso franciscano, el Padre Alfaro, al que conocí en Sevilla que me gustaría ver. Quizás él quisiera oficiar la ceremonia.
            Don Diego gritó a Aquilino que dejara de hablar. Los dos hombres se volvieron y los ojos de Don Gonzalo expresaron un mudo reproche.
            Mucho me temo que eso no será posible. El Padre Alfaro se encuentra en Macao, en China. Es una larga historia que después, si le place, le contaré. No obstante, el Prelado de los agustinos, Fray Agustín de Alburquerque, se considerará honrado de celebrar la Santa Misa.

            miércoles, 11 de abril de 2012

            EL PRIMER MONASTERIO FRANCISCANO DE CHINA 6

            Las lágrimas corrían por las mejillas del italiano, su cuerpo se inclinó entre sollozos hasta posar sus rizos negros en los pies de su amigo, de su superior, del Padre Alfaro.
            El barco donde montó Alfaro era pequeño y estaba abarrotado de pasajeros y mercancías. El trayecto hasta Malaca se vislumbraba largo y peligroso. Se alejaron de las costas de China con buen tiempo, el Padre Alfaro había llevado consigo a Fray Jacinto, el hermano que mejor conocía la lengua china y que le había servido de intérprete en tantas ocasiones. Pasaban las horas rezando y hablando con los compañeros de travesía. Las gallinas cloqueaban en las jaulas que cubrían la cubierta y los puercos tiraban con fuerza de las sogas que los sujetaban. Fray Jacinto, divertido, jugaba con los niños mientras Alfaro prestaba atención a las historias que le contaban hombres y mujeres, comprendiendo cada día un poco más de esa extraña tierra que tantos disgustos le estaba dando. Cuando los dos frailes se arrodillaban mirando al cielo para rezar, la chiquillería entre risas los imitaba, creyendo que se trataba de un juego más. Los niños copiaban sus gestos, hacían sobre la frente y el pecho la señal de la cruz y emitía murmullos inteligibles que se suponía eran las oraciones. Los padres se acostumbraron pronto a estas bromas inocentes y los dejaban hacer. Alfaro los miraba con simpatía y fabricaba rosarios con granos de arroz e hilos de seda, uno para cada niño.
            El tiempo empeoró al acercarse a la gran isla de Borneo. Una gran tormenta los envolvió. Las olas ahogaron a las gallinas y los gritos de las mujeres que aferraban a los niños no cesaban. Dejaron a los animales en cubierta y se amontonaron como pudieron en las bodegas pero el barco era demasiado frágil para los rigores de esa mar embravecida, el agua se colaba entre los maderos. En medio de la noche, el piloto no pudo ver lo cerca que estaba de los arrecifes. El ruido del barco al chocar con las rocas fue como un rugido furioso; el agua resquebrajó la madera entrando en tromba en las bodegas, los chillidos estridentes de los niños y los gritos de dolor de los heridos se confundían con el sonido del huracán. Todo fue muy rápido, el barco se inclinó y se hundió en las negras aguas turbulentas. El padre Alfaro sintió la punzada de la roca traspasar su costado tiñendo de rojo el hábito de tela parda y desgastada. Malherido cogió a una niña que lloraba a su lado y por la abertura del casco nadó hacia la superficie, le pesaba la ropa, tocó una jaula que flotaba con varias gallinas muertas y agarró los bracitos de la pequeña a ella. No podía respirar, las olas lo zarandeaban, se alejaba de los restos del barco hundido. Agotado por el esfuerzo y la sangre derramada, perdió el conocimiento y descendió con dulzura hacia las profundidades marinas.

            martes, 10 de abril de 2012

            EL PRIMER MONASTERIO FRANCISCANO DE CHINA 5

            Los temores de Villarroel se hicieron realidad a finales de mayo, un oficial portugués interceptó una carta de Alfaro a Sande en la que decía: "Es de suma importancia la paz con los portugueses a fin de que no se repita el caso de que nos infamen ante los mandarines de China y frenar, de este modo, la conversión de estos infieles que se revela incierta y peligrosa". El escándalo estalló en Macao; las voces que pedían la expulsión de los espías sonaban mas fuertes que las que defendían a los franciscanos alegando su vida cristiana y caritativa. El asunto fue tomando un cariz desconsolador, hasta los más pacíficos de la ciudad estaban convencidos de que Alfaro sería expulsado a Goa, colonia portuguesa en la India, para ser juzgado por espionaje y traición. El nerviosismo se instaló en la Casa de los Franciscanos. Los frailes hablaban en murmullos para que Alfaro y Lucarelli no se enteraran de sus temores. "Nos expulsarán y ¿qué será de nosotros que somos portugueses?¿Cómo viviremos entre los españoles que no nos perdonarán esta ofensa? Tampoco podemos retroceder, en Macao seguirán viéndonos como los traidores que ayudaron a los espías...." Éstos y otros lamentos se pronunciaban en voz baja, temían la reacción, sobre todo, del Padre Lucarelli que se mostraba inflexible con ellos y no atendía ninguna de sus peticiones, ni siquiera la de darles un poco de carne para evitar desmayarse en las horas del centro del día, muy calurosas. Las miradas se volvieron furtivas y el silencio era como una losa en la mesa. Los rezos, sin embargo, se tornaron más vivaces, más suplicantes, tenían mucho que pedir.

            - Hermanos, ya está bien de seguir en esta incertidumbre. Ruego me disculpen por haberlos obligado a vivir en esta zozobra durante los últimos días. No he querida precipitarme y tomar una decisión errónea. - Alfaro hablaba desde el altar, acababa de concluir la misa de la tarde y sólo quedaban en la iglesia los hermanos de la congregación. - Lo primero que debo decirles es que todos los rumores se deben a un malentendido. Nadie ignora que nuestra presencia en Macao ha molestado a muchas personas. Que nos hemos creado, sin pretenderlo, peligrosos enemigos. Mi orgullo me hizo desoír los cabales consejos del hermano Villarroel que, más cercano a las traiciones de este mundo, me advirtió de la malquerencia de algunos oficiales. Pero estaba tan enfrascado en la misión evangelizadora que no lo escuché. Mi única intención al escribir a Manila fue la de procurar la paz, ¡Demasiados peligros nos acechan en este reino de infieles para pelearnos entre hermanos cristianos! Pero mis palabras han sido tergiversadas y donde yo puse caridad, ellos leyeron traición.
            Los hermanos escuchaban compungidos.
            - El error, sin embargo, es sólo mío y se deshará en cuanto explique mis razones al arzobispo de Malaca. Estoy seguro de que Nuestro Señor, que tanto ha velado por nosotros desde que abandonamos Manila- miró a Lucarelli que tenía los ojos enrojecidos- y tantas compensaciones nos ha dado, como verles a ustedes sentados frente a este altar, no me abandonará en esta nueva empresa, He decidido tomar el barco que parte mañana hacia Malaca y de allí, si es preciso, continuaré a Goa. Pero no teman, mi fe me asegura que volveré y que, conmigo, traeré a más hermanos que nos aligerarán la carga que soportamos.

            La voz de Alfaro se diluyó en su garganta, la emoción le ató un nudo en el estómago.

            - Acérquese, Padre Lucarelli y arrodíllese –dijo en tono pausado. - Oh, mi compañero, pensaba que podría resistir a los portugueses siendo un español humilde y manso, pero aquí estoy teniendo que decir... Por la Santa Obediencia, te ordeno que aceptes mi cargo y mi oficio.

            lunes, 9 de abril de 2012

            EL PRIMER MONASTERIO FRANCISCANO DE CHINA 4


            Alfaro contemplaba el avance de las obras de la capilla y desgranaba sus quejas al padre Lucarelli. Su insatisfacción no lo dejaba descansar ni disfrutar de las buenas cosas que ofrecía la tierra que le había acogido.
            - La misión de evangelizar aquí es imposible, hermano Lucarelli. Estos infieles no tendrán excusa pues españoles y portugueses les hemos hablado de la única verdad que existe. Nuestra casa es visitada cada día por más feligreses pero son todos portugueses. Cada vez que subo al púlpito mis ojos se desgastan buscando entre los asistentes una cara extraña, distinta.
              Alfaro miraba con detenimiento el estado de las obras de la ermita de Lucarelli, éste lo escuchaba con las mangas de su hábito por encima de los codos, empapado en sudor.
              - No se desespere. Apenas llevamos medio año en Macao y es mucho lo que hemos conseguido. Es cierto que la conversión de Filipinas resultaba una tarea mucho más sencilla pero ¿no fue eso precisamente lo que le movió a cruzar el mar y venir a China? Hace mucho tiempo que no tenía usted palabras tan desesperanzadas. ¿Qué le ha ocurrido? - preguntó Lucarelli, que conocía bien a su amigo mientras se sentaba en una piedra desde la que se veía el infinito azul del mar.

              - Me preocupan mis sentimientos. Esta vez no es desesperación; es más bien rabia. No consigo traspasar con mis palabras esa sonrisa permanente que esgrimen en su rostro; no muestran rechazo, ni cólera. Nada, no demuestran nada, nunca puedo adivinar sus pensamientos. Llevo dos semanas visitando a una familia muy pobre que vive en el centro de la ciudad, cerca del mercado. El abuelo agoniza, el padre murió recientemente en un naufragio, tienen siete hijas, la mujer no puede alimentar tantas bocas. Durante este tiempo les he llevado comida, les he hablado con las pocas palabras que puedo pronunciar en su lengua; les he explicado la historia de Jesucristo. Todos me escuchan con atención, los niños me preguntan cosas. En los últimos días me he llevado a Fray Jacinto, que sabe mucho más chino que yo para que me sirviera de traductor, sus caras reflejaban, eso creía yo, comprensión de mis relatos. Los niños lloraron cuando les conté el sufrimiento de la pasión de Nuestro Señor. -Alfaro levantó hacia la cara de Lucarelli su puño cerrado. - Y mire qué me han dado, observe hasta dónde llega su falsedad. Yo creía que habían entendido el significado del Evangelio.- Abrió la mano mostrando un pequeño ídolo de jade, un hombre gordo, casi desnudo. Con fuerza lo arrojó al mar. -¿Qué pretenden con esto?

              - No se incomode, Padre Alfaro, seguro que no ha habido mala intención. Nuestro limitado vocabulario nos impide comunicar todo el significado del mensaje divino. Todo es cuestión de tiempo, no se deje abatir por este incidente.
                Alfaro sí se preocupaba, las costumbres de ese extraño reino lo confundían. No obstante sabía de la verdad de las plabras de Lucarelli. La lengua era tan compleja que la comunicación estaba muy limitada así que los padres se aplicaron en el estudio del chino y decidieron poner en práctica los métodos que utilizaban los jesuitas: Jugar con niños, haciéndoles repetir en su lengua los nombres de los objetos que iban señalando; asistir a los oficios de otras congregaciones y repetir sin cesar las palabras de los frailes que hablaban chino; hicieron recitar en alto un catecismo a Fray Jacinto Deus, que debido a su contacto permanente con los leprosos podía mantener largas conversaciones con ellos y copiaron la pronunciación de todos los vocablos. Por la noche, alrededor de la mesa, los hermanos repetían hasta la saciedad los nuevos términos aprendidos.
                Absortos en su aprendizaje de la lengua china, los frailes no se daban cuenta de cómo eran espiados todos sus movimientos en la isla. Olvidaron que eran huéspedes de sus más reconocidos enemigos en la conquista de esa zona del mundo, de los portugueses. El único que veía todo con realismo y frialdad era Villarroel que estaba cada día más preocupado por la vigilancia constante que mantenían los oficiales portugueses.
                - Por favor, Padre Alfaro, debe olvidarse por un tiempo de escribir a Manila. Tengo dos soldados que me siguen a todas partes y cada vez es más complicado deshacerme de ellos para que no les quiten las cartas a los mercaderes que ejercen de correos. Los oficiales hablan mal de nosotros a los gobernantes chinos, creando un clima hostil a nuestra causa. Hay quien se atreve a decir que nuestro modo de vida no es cristiano, que despreciamos sus limosnas y en vez de hacer imágenes religiosas con las que honrar a Dios, se las damos a esos desagradecidos de los nativos que ya tienen suficiente dinero aunque no lo aparenten, pues todos son astutos mercaderes y cobran precios abusivos a los comerciantes portugueses.
                  Alfaro quitaba importancia a las sensatas palabras del soldado.
                  - No escribo ninguna ofensa en ellas. Al contrario, procuro la paz. Recomiendo al gobernador que firme la paz con los portugueses y le informo de los beneficios que se pueden conseguir con ella. La conversión del Reino es harto difícil y debemos, por Nuestro Señor Jesucristo, aunar los esfuerzos para lograrlo.

                  viernes, 6 de abril de 2012

                  EL PRIMER MONASTERIO FRANCISCANO EN CHINA 3

                  Se despertó en la calle, un sentimiento de culpa le impulsó a correr hasta la colina que se alzaba a las afueras de la ciudad donde vio a sus compañeros discutir acaloradamente.
                  - No, hermano Quintero, no puede ser tan grande. No es necesario -gritaba el Padre Lucarelli.
                    Alfaro respiró hondo mientras escuchaba el sonido del mar rompiendo en las piedras del acantilado. El montículo elegido era una pequeña península. El azul del agua la envolvía y por el camino que serpenteaba hasta la cumbre se divisaba la ciudad de Macao.
                    - Menos mal que ha llegado, Padre Alfaro. El hermano Quintero- dijo Lucarelli- no escucha mis palabras y quiere construir aquí una iglesia como la Catedral de Sevilla. Tal vez a usted le haga más caso.
                      El Padre Alfaro se impuso la penitencia de dormir en el suelo y rezar tres rosarios al día por la sensación de plenitud que le había invadido en el sacrílego templo.
                      - No, hermano Quintero. Aunque imagino que el Padre Lucarelli exagera, nuestras necesidades son muy pocas y deseamos una pequeña ermita y una sencilla casa donde vivir y comenzar nuestra labor. Nuestra Señora de los Ángeles estará satisfecha con una humilde ermita. La ostentación no es buena consejera en ninguna parte, menos en tierra de infieles.
                        Pedro Quintero se vio desarmado y la iglesia se levantó según los deseos de los padres franciscanos. Alfaro, en una de sus cartas, describiría la capilla como "una fuente de agua". El 2 de febrero de 1.580, los franciscanos sentían sus corazones golpear en el pecho, esperaban en la puerta de la ermita la llegada del obispo, de los hermanos de otras congregaciones y principales señores de la ciudad quienes, acompañados por los naturales conversos, se acercaron cantando hasta la cima de la colina. Con una solemne misa celebrada por Alfaro y con un sermón que gentilmente cedió al obispo, se declaró oficialmente inaugurada la primera Casa Franciscana de China.
                        En su nueva morada, la vida de los castellanos se estableció siguiendo los preceptos que regían a su orden. Se levantaban antes del amanecer para orar, dedicaban dos horas al estudio de la lengua china, desayunaban una pieza de fruta y marchaban al hospital de leprosos, instalado en el otro extremo de la ciudad, para ayudar a Fray Jacinto Deus en la ingrata tarea de curar las heridas y en la más edificante de animar a los enfermos. Pasado el mediodía regresaban satisfechos al convento y comían un poco de verdura. Por la tarde, mientras el Padre Lucarelli se dedicaba a levantar con sus propias manos una nueva ermita muy cerca del monasterio, que con el tiempo consagraría a Nuestra Señora del Rosario, Alfaro recorría los barrios de Macao predicando. Cuando la luz abandonaba el cielo, la sagrada misa y la oración volvían a inundar la capilla y las celdas de los monjes. Alfaro tenía el convencimiento que una vida humilde y caritativa terminaría por barrer las desconfianzas de los portugueses. Dormían en esteras sobre el suelo y entregaban más de la mitad de las provisiones que regalaban las almas cristianas de la ciudad. Un aura de santidad se fue forjando en torno a estos dos religiosos. El soldado Villarroel atendía las cuestiones menos espirituales: buscaba correos entre los navegantes chinos para que llevasen las cartas que, de vez en cuando, escribía Alfaro para sus superiores y para Sande; controlaba que la madera de las obras estuviera bien cortada y pulida para la ermita del Padre Lucarelli; buscaba artesanos capaces de esculpir las imágenes religiosas que se iban necesitando y visitaba con frecuencia al castellano Quintero, el único laico que no le negaba el saludo en la ciudad. Las palabras de Alfaro no conseguían convencerlo, él estaba seguro de que no era cuestión de tiempo el que los aceptasen en la ciudad. "Los oficiales nos espían y están esperando que cometamos el más mínimo error para expulsarnos. Si no fuera por el apoyo del obispo, nos habrían matado ya". Alfaro no compartía los temores de Villarroel, la vida de penitencia estaba comenzando a dar sus frutos y las peticiones de jóvenes para ingresar en la orden se acumulaban en la mesa de Andrés Couthino, varios frailes solicitaron permiso para cambiar de congregación e ingresar en los franciscanos. En la primavera de 1.580, la pequeña comunidad se vio incrementada con Fray Antonio de los Mártires, Fray Buenaventura de Lisboa, Fray Bernardino de Jesús y el novicio Fray Jacinto. No obstante, Alfaro no estaba satisfecho, todos los hermanos eran portugueses.

                        jueves, 5 de abril de 2012

                        EL PRIMER MONASTERIO FRANCISCANO EN CHINA 2

                        El camino hasta el terreno donde se iba a edificar el primer Monasterio Franciscano de China era agradable. Saliendo del obispado, a mano izquierda, se atravesaba una calle que los naturales utilizaban como mercado. Las verduras y frutas se amontonaban en el suelo sobre unas esteras, la estrecha callejuela parecía un auténtico vergel. El verde, rojo, amarillo, unido a los colores de las vestimentas de las vendedoras, todas mujeres de edad indefinida con los ojos semicerrados de tan cegados por el sol traían recuerdos a Alfaro de su infancia en Sevilla cuando iba a comprar por las mañanas con las criadas de su madre. Los pescados, de ojos neblinosos, lo observaban desde las cestas de bambú. Al terminar la callejuela giró a la derecha y volvió la cara al toparse con un puesto de pollos. Los cuerpos escuálidos y desplumados se apoyaban en una madera, colgando los cuellos y las cabezas. La vieja del tenderete sonrió mientras exhalaba humo de la pipa que tenía entre los dientes. Se metió por un callejón para evitar los puestos de carne y anduvo un rato en solitario viendo las llamativas persianas de madera pintada con que los comerciantes tapaban los porches que estaban delante de sus negocios para resguardarse del sol y la lluvia tropical. No entendía los extraños signos que los adornaban pero reconocía que animaban las fachadas sucias y enmohecidas. Escondido en una esquina vio un templo chino. Nunca había entrado en ninguno pues en Cantón estaban vigilados a todas horas; sentía una gran curiosidad desde que llegó a esa tierra y deseaba ver algún templo por dentro. Fray Martín de la Rada había descrito los que visitó. Durante su estancia en Xauquin, en el monasterio bonzo, no les permitieron moverse de la cabaña donde se alojaban. El Padre Lucarelli y el alférez Dueñas habían intentado una de las noches acercarse a la nave central donde asomaban algunas imágenes pero fueron descubiertos y acompañados gentilmente hasta donde se encontraban los demás descansando.
                        Contempló la pira roja, resquebrajada por los cambios de temperatura y teñida de negro en la boca y en la parte superior por donde se escapaba el humo. Avanzando unos pasos palpó el león de piedra verde que había delante, sus fauces abiertas permitían ver los colmillos, el cuerpo gordo y la cabeza estaban decorados con profusión de espirales que simulaban serpientes. Se santiguó antes de acceder al tenebroso santuario. Sus pupilas tardaron unos segundos en habituarse a la oscuridad; sólo entonces divisó a un anciano inclinado en un mostrador pintando caracteres chinos en finas láminas de madera bajo la tímida luz que penetraba por una abertura del techo. Olía a incienso. El humo se elevaba, acariciando la atmósfera, delante de una figura barbuda y tétrica. Las varillas sobresalían entre las ofrendas de los devotos, pequeños platos con arroz y vasos diminutos de bebida, El hombre no se perturbó por la entrada del extraño, estaba enfrascado en su trabajo de decorar las tablillas. La luz se colaba también por otro lateral abierto al exterior. Debajo, protegidas por un tejadillo, multitud de figuritas de soldados y hombres como si fuera un teatro de títeres perfectamente colocadas en el estante; más abajo, un tigre en relieve sacaba la cabeza de la pared, la luz ponía sombras en su cuerpo amarillo y negro. La quietud era total. Alfaro sintió la tentación de postrarse a orar. Una mujer entró arrastrando los pies, sus pasos producían un imperceptible ruido. Se acercó al hombre y le tendió una moneda, el anciano le entregó varias barritas de incienso. Sus diminutos pies se acercaron al dios barbudo, inclinó su cuerpo en dos reverencias, encendió el incienso y se arrodilló en silencio. El mundo se detuvo para Alfaro y nunca supo con certeza cuánto tiempo permaneció en aquel templo. Una sensación de paz y recogimiento se apoderó de él, como un trance.

                        miércoles, 4 de abril de 2012

                        EL PRIMER MONASTERIO FRANCISCANO EN CHINA

                        Las gotas de lluvia golpeaban el alféizar de la ventana del dormitorio del Padre Alfaro en Macao aquel 20 de noviembre de1.579. La casa del obispo era una edificación típicamente portuguesa, la fachada blanca estaba adornada con cenefas labradas en la piedra bordeando las ventanas y los balconcillos rematados en arcos de cristales pequeños. La habitación de Alfaro tenía una enorme cama de mullido colchón con una mosquitera que la envolvía, dos cómodos sillones con una pequeña mesa y un lujoso escritorio chino con una silla de madera y piel. Un reclinatorio de terciopelo rojo bajo un crucifijo completaba el mobiliario. Sin embargo, y debido a tanto lujo, Alfaro no descansaba bien. Acostumbrado a la rigidez de la madera o del suelo, la espalda se curvaba dolorida entre los almohadones y despertaba cada mañana cansado. El Padre Lucarelli se reía de él y le insistía en que no desaprovechara esos bienes que Dios les regalaba. Villarroel estaba eufórico. Esa húmeda mañana de noviembre, Alfaro estaba escribiendo una carta dirigida a Fray Agustín de Tordesillas dando cuenta de su viaje hasta el territorio portugués. "Llegamos a Macao el domingo en la noche y con mi venida no sólo el señor obispo y nuestro devotísimo hermano Andrés Couthino, sinos todo el pueblo se alegró mucho... El señor obispo quiere que nos quedemos con él y comparte su casa con nosotros. Los padres de la compañía son muy generosos, sobre todo el Padre Couthino que es todo corazón y quiere hacernos una casita aparte, fuera del pueblo, muy a nuestro gusto y modo. Porque no piense, hermano, que ya he olvidado el negocio a que vinimos a tratar a Conchinchina..."
                        - Padre Alfaro, nos están esperando el Padre Couthino y el castellano Pedro Quintero con los trabajadores que van a levantar la iglesia. Vamos a tomar medidas. ¿Nos acompaña? – preguntó Lucarelli asomando la cabeza por la puerta entreabierta.

                        - Ahora mismo no puedo, deseo terminar esta carta. Más tarde me reúno con usted.
                          "No consentirán por ahora que salgamos de Macao hasta que el Señor nos multiplique de manera que siempre queden aquí algunos que sustenten la Orden y la religión. . ." Alfaro se postró ante el crucifijo de plata. Rememoraba las imágenes de su llegada, los ofrecimientos de los principales señores de la ciudad para que vivieran bajo su techo. A primera vista, el recibimiento, después de tanta indiferencia y mentira en Cantón, era un regalo del cielo; pero Alfaro tenía malos presentimientos. El Padre Couthino le había contado cómo fue encarcelado, por orden del capitán mayor de Macao, tras recibir la carta que Alfaro le escribió desde Cantón solicitando limosna para emprender el viaje hasta donde ahora se encontraba; cómo tuvo que interceder el obispo para liberarlo. Muchos de los portugueses, lo notaba en las miradas y sonrisas falsas, recelaban de ellos, seguían creyendo que eran espías. Elevó su oración a la Virgen de los Ángeles, como siempre hacía cuando tenía problemas y a la que había prometido dedicar la iglesia que iban a construir y pidió que los portugueses olvidaran sus temores y les permitieran proseguir en aquella tierra donde tanta falta hacían.

                          martes, 3 de abril de 2012

                          LOS POBLADORES LLEGAN A AMÉRICA 6

                          Era más de medianoche, el Padre Alfaro escribía, iluminado por la temblorosa luz de una vela, las cartas que pensaba enviar con Fray Agustín de Tordesillas y el capitán Juan Díaz Pardo para el gobernador Sande y el Padre Guardián del Convento de San Francisco, Fray Juan de Ayora. Se había comprometido si llegaba el momento a mostrarse como el único responsable del desafío, como el instigador de todo el engaño y el momento había llegado.
                          "Pax et Guadium in Spiritu Santo.
                          Terminada la primera carta continuó mientras la luz húmeda del alba se filtraba bañando los manuscritos. "... podrán hacer fe delante del Rey y del Papa si menester fuere que todo lo que se pudo hacer por nuestra parte, se hizo; mas el Señor no fue servido que aún ahora se abra esta puerta; el cuándo, él lo sabe. Estos hermanos nuestros van con algún recelo de que Vuestra Señoría les podía hacer algún agravio o molestia por haber venido a esta jornada sin su licencia. A mí se me debe toda la pena pues fui causa de que los demás se arrojasen tras de mí. Sólo hay a quien contentemos y satisfagamos, que al señor Rodrigo de Frías que le trajimos sus criados y fragata. Vuestra Señoría, tan devoto, me reconciliará con él y le ofrecerá la tercia parte de todo lo que se ha merecido por parte de Dios en esta jornada..."
                          Con estas palabras el Padre Alfaro esperaba reconciliarse con las autoridades españolas. Daba cuenta así de los infructuosos intentos de evangelizar China e intentaba que su osadía no perjudicara a aquellos que con tanto valor y devoción lo habían seguido en su loca aventura.
                          Usted tenía que saber de nosotros y del suceso de la jornada. Teníamos que avisar allá de lo que por acá pasa, que es harto diferente de como allá nos lo fabricamos…" La brisa de la noche plagada de estrellas se colaba por el ojo de buey del camarote. "Viniendo pues al punto, aquí no es posible quedarse por interés, ni por ruegos, ni por esclavos..." El canto agudo de los pájaros de la selva lo acompañaban, Alfaro se levantó de la mesa y estiró los brazos. "Nos fue servido cupiese la suerte muy dichosa a nuestro buen hermano Fray Sebastián de morir sobre el cerco de esta ciudad, en tan buena demanda y pretensión que no dudo sino que ya tiene premio de verdad. Sea que cuando llegamos a Ilocos hallé al hermano enfermo y a los otros muy flacos y descoloridos y al hermano Fray Sebastián algo necesitado del estómago pero con tal disposición que me pareció podía hacer la jornada sin peligro y me pareció justo sacarlo de allí. Visto y entendido del hermano Juan Díaz y su compañero quererse volver a Manila porque antes que ir con los portugueses se dejan hacer pedazos de estos infieles…"

                          lunes, 2 de abril de 2012

                          LOS POBLADORES LLEGAN A AMÉRICA 5

                          Andrés de Cauchela contemplaba feliz a Guido de Lavezaris mientras empaquetaba las últimas cosas necesarias para su traslado a Bitis. Sande no había podido retrasar mucho tiempo la aplicación de la Orden de Su Majestad y devolvió las encomiendas de Bitis y Lubao al anterior gobernador de Filipinas. La esposa de Lavezaris, mujer de edad avanzada, revisaba el trabajo de las criadas y escuchaba de lejos la conversación de los hombres.
                          -         Me siento dichoso, Andrés. Al fin podré dedicarme a mis tierras y descansar de tantos disgustos. Sande ha tenido que tragarse su orgullo y no ha tenido más remedio que devolvernos las encomiendas y pagar los salarios. ¡Lástima que Mirandola no pueda estar con nosotros! A partir de ahora van a cambiar mucho las cosas en estas islas. Menos mal que nuestras quejas fueron escuchadas, aunque nunca pensé que degradaran a Sande de este modo. ¡Un nuevo gobernador!
                          -         Sande se ha vuelto loco, no para de comprar y enviar mercancías a Acapulco; lo habrán degradado pero en cuatro años se ha hecho rico. Los capitanes me han dicho que han escrito a Su Majestad pidiéndole órdenes expresas para que ningún gobernador pueda hacer negocios particulares y que además han insinuado que se debería comprobar quién ha ayudado a estos ladrones vendiendo sus mercancías en México. Ya no disimula y va en persona a negociar con los chinos. El pasado martes tuvo la desfachatez de aparecer por la almoneda y se lo quedó todo; pero ya los precios se van elevando, los comerciantes saben que Sande tiene los días contados y pujan esperando que se marche y puedan, como antes, enviar los productos a Nueva España. ¿Te vas a quedar a vivir en Bitis?
                          -         Eso tengo previsto. La hacienda es más confortable y mi mujer la prefiere a Lubao. Yo me dedicaré a recorrer las tierras sin prisa. Lo primero que quiero averiguar es cuánto dinero ha robado Sande a la Corona de los beneficios de mis encomiendas.
                          Los dos hombres se sentaron en las sillas de la terraza de la casa cuando vieron a una criada con una botella de vino y dos vasos.
                          -         No descansarás hasta que te vengues de ese usurero, ¿verdad?
                          -         Tampoco es venganza lo que busco. Podríamos llamarlo, mejor, justicia. Nuestro desgraciado amigo Mirandola se lo merece. No se me quita de la cabeza que si el gobernador no hubiera abusado tanto de la buena fe de los hombres de estas islas, Andrés aún seguiría con vida.- La voz de Lavezaris tembló en la garganta.
                          -         Yo también pienso lo mismo, pero ya no hay remedio. ¿Te has enterado de la escapada de los frailes?
                          -         Ha sido una auténtica sorpresa. ¡Qué valor! Nunca lo hubiera pensado de unos franciscanos, desafiar la voluntad del gobernador y urdir esa trama tan cuidadosa. Cuando Fray Diego de Oropesa desveló la verdadera razón de la desaparición de sus hermanos, no podía dar crédito a lo que me contaban. Es inaudito en unos hombres acostumbrados como los soldados a acatar las órdenes de sus superiores. Esperemos que Dios los acompañe. No se sabe todavía si consiguieron su objetivo, ¿verdad?
                          -         No, pero nadie ha dado cuenta del naufragio; así que es de suponer que habrán llegado. Tendremos que rezar para que no los metan en la cárcel o les pase algo peor.- Cauchela se despidió con un apretón de manos. - Me voy que tu esposa te llama. ¡Que tengan un buen viaje!- gritó para que la mujer lo escuchara.

                          domingo, 1 de abril de 2012

                          LOS POBLADORES LLEGAN A AMÉRICA 4


                          "Mucha confusión y admiración causaría el atrevimiento de los ingleses de navegar y atravesar el Estrecho de Magallanes y podrían hacer mucho daño, si esta posibilidad no estuviera prevista desde mucho tiempo atrás. Para prevenirse de los corsarios es necesario poblar el Estrecho. Cabría preguntarse las razones de los ingleses para atreverse en tan peligrosa navegación. Tres pueden ser las razones: para enriquecerse, para hurtar y ver caminos y volver con más poderío, y tercero para descubrir tierra rica y poblarla.
                          Si sólo vienen por las dos primeras razones será fácil echarlos pero si se deciden a conquistar será más difícil por no haber fortificaciones en toda esta zona sur de América. Será difícil, dañoso, trabajoso y perjudicial. Si son corsarios y van a robar una vez y no piensan volver más, es mejor y más propicio que vayan a Panamá, al Golfo de San Miguel y de allí volverse seguros a Inglaterra, agrupándose con otros corsarios. Si piensan volver de nuevo, no querrán estropear los navíos. Buscarán una salida por la parte norte del Estrecho o por la navegación de los portugueses o por donde entraron.
                          La primera opción, navegar hacia Nueva España, México, buscando otra salida, no tiene mucho sentido, parece cosa sin razón y fuera de juicio querer hallar otra salida porque no es seguro que la haya y pueden tardar mucho tiempo. Los navíos no pueden tampoco estar tan largo tiempo en el agua sin riesgo de perderse. No parece muy verosímil, ni buena.
                          La posibilidad de volver por el camino de los portugueses parece verosímil. Subir hasta el puerto de Acapulco y después tomar el derrotero de  los castellanos por Filipinas. Hay dos buenas razones para que esta opción me parezca verosímil y buena: porque esa ruta de navegación es muy conocida y por la posibilidad de encontrarse con los navíos que hacen el viaje de las islas Filipinas a Nueva España y de paso robar lo que llevan. Una vez en Filipinas proseguirían el viaje hacia el Cabo de Buena Esperanza. En este camino tiene la facilidad de encontrar muchas provisiones, hay muchas islas y tierras pobladas y fértiles. No obstante, tienen dos problema, que el navío no pueda aguantar tantos meses de navegación y el otro peligro, que se podrían topar con los portugueses en el Estrecho de Cingapura y Malaca y entonces deberían buscar salida por el Canal de Sunda o entre Sunda y Samatra, una zona muy difícil y peligrosa, la otra alternativa sería navegar al sur del Maluco y coger el Cabo de Buena Esperanza por afuera de la Isla de San Lorenzo. Este camino es mucho más peligroso y más largo y tampoco están seguros de no encontrarse con la armada portuguesa.
                          La cuarta posibilidad es volver por donde han entrado, lo cual es verosímil pues toda persona de buen juicio que entre en una cala por una parte conocida no quiere buscar otra salida dudosa y no segura. El remedio es impedirles la salida  taparles el paso, si se pudiere, y si no perseguirlos con fuertes navíos, bien armados y echarlos de ese Mar del Sur no dejándoles tomar puerto ni parar por toda la costa de Chile y Perú. Cortarles el paso no se puede si no es en el Estrecho haciendo un fuerte en una de las cuatro angosturas, la más cómoda y apropiada para ellos y para eso debe poblarse el Estrecho, pues es preciso antes andar palmo a palmo la zona para comprobar que no hay más salidas y entradas ya que con los muchos canales que hay, si hubiera otra entrada o salida sería en balde fortificar.
                          Es preciso que manden gente de España, pues la gente de Perú y Chile no tienen experiencia. También es conveniente que la armada llegue desde España porque de lo contrario pueden cruzarse con el corsario o encontrárselo invernando en el Estrecho o en otra parte. El número de gente que venga no puede ser menor de mil o mil quinientos soldados porque, aunque para poblar y guardar los fuertes, bastaría con doscientos, todavía hay peligro de perder algún navío en el camino y, por lo que se puede sospechar, el corsario ha dejado guardia en esa zona. Cuando no haya que pelear en el Estrecho, el resto de los hombres pueden ir a Filipinas, a la Conquista de China o contra los portugueses para hacer la guerra. Porque más mal hacemos a los portugueses declarando la guerra con dos mil hombres, que aquí con cincuenta mil. Porque además de ocuparles las fuerzas que tienen, les impedimos el comercio que tienen con China y los tratos de Malaca, con los que ellos se sustentan”. Así escribía Gessio al rey sobre la necesidad de luchar contra el corsario inglés.