lunes, 2 de abril de 2012

LOS POBLADORES LLEGAN A AMÉRICA 5

Andrés de Cauchela contemplaba feliz a Guido de Lavezaris mientras empaquetaba las últimas cosas necesarias para su traslado a Bitis. Sande no había podido retrasar mucho tiempo la aplicación de la Orden de Su Majestad y devolvió las encomiendas de Bitis y Lubao al anterior gobernador de Filipinas. La esposa de Lavezaris, mujer de edad avanzada, revisaba el trabajo de las criadas y escuchaba de lejos la conversación de los hombres.
-         Me siento dichoso, Andrés. Al fin podré dedicarme a mis tierras y descansar de tantos disgustos. Sande ha tenido que tragarse su orgullo y no ha tenido más remedio que devolvernos las encomiendas y pagar los salarios. ¡Lástima que Mirandola no pueda estar con nosotros! A partir de ahora van a cambiar mucho las cosas en estas islas. Menos mal que nuestras quejas fueron escuchadas, aunque nunca pensé que degradaran a Sande de este modo. ¡Un nuevo gobernador!
-         Sande se ha vuelto loco, no para de comprar y enviar mercancías a Acapulco; lo habrán degradado pero en cuatro años se ha hecho rico. Los capitanes me han dicho que han escrito a Su Majestad pidiéndole órdenes expresas para que ningún gobernador pueda hacer negocios particulares y que además han insinuado que se debería comprobar quién ha ayudado a estos ladrones vendiendo sus mercancías en México. Ya no disimula y va en persona a negociar con los chinos. El pasado martes tuvo la desfachatez de aparecer por la almoneda y se lo quedó todo; pero ya los precios se van elevando, los comerciantes saben que Sande tiene los días contados y pujan esperando que se marche y puedan, como antes, enviar los productos a Nueva España. ¿Te vas a quedar a vivir en Bitis?
-         Eso tengo previsto. La hacienda es más confortable y mi mujer la prefiere a Lubao. Yo me dedicaré a recorrer las tierras sin prisa. Lo primero que quiero averiguar es cuánto dinero ha robado Sande a la Corona de los beneficios de mis encomiendas.
Los dos hombres se sentaron en las sillas de la terraza de la casa cuando vieron a una criada con una botella de vino y dos vasos.
-         No descansarás hasta que te vengues de ese usurero, ¿verdad?
-         Tampoco es venganza lo que busco. Podríamos llamarlo, mejor, justicia. Nuestro desgraciado amigo Mirandola se lo merece. No se me quita de la cabeza que si el gobernador no hubiera abusado tanto de la buena fe de los hombres de estas islas, Andrés aún seguiría con vida.- La voz de Lavezaris tembló en la garganta.
-         Yo también pienso lo mismo, pero ya no hay remedio. ¿Te has enterado de la escapada de los frailes?
-         Ha sido una auténtica sorpresa. ¡Qué valor! Nunca lo hubiera pensado de unos franciscanos, desafiar la voluntad del gobernador y urdir esa trama tan cuidadosa. Cuando Fray Diego de Oropesa desveló la verdadera razón de la desaparición de sus hermanos, no podía dar crédito a lo que me contaban. Es inaudito en unos hombres acostumbrados como los soldados a acatar las órdenes de sus superiores. Esperemos que Dios los acompañe. No se sabe todavía si consiguieron su objetivo, ¿verdad?
-         No, pero nadie ha dado cuenta del naufragio; así que es de suponer que habrán llegado. Tendremos que rezar para que no los metan en la cárcel o les pase algo peor.- Cauchela se despidió con un apretón de manos. - Me voy que tu esposa te llama. ¡Que tengan un buen viaje!- gritó para que la mujer lo escuchara.

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