viernes, 2 de marzo de 2012

JOLÓ 2

El corajudo jovencito estaba dispuesto al alba para iniciar la batalla. De los cien hombres que integraban la expedición, sólo cuarenta pudieron acompañar a los capitanes a la playa al encontrarse la mayoría enfermos desde Borneo. Mandaron a diez indios naturales de Luzón como embajadores y portadores de una carta que Rodríguez de Figueroa había redactado cuando terminó de hablar con Bernardino. Los Castilla esperaban con las armas listas sobre la arena. El Rey de Joló, el Sultán Raxa Ira, tiró la misiva y sus hombres degollaron sin previo aviso a los indios. Con lanzas y dagas corrieron hacia la playa, rodeando a los españoles. Los Castilla se vieron sorprendidos por la cantidad de nativos que los cercaban y dispararon con rabia sus arcabuces cayendo muchos de los agresores. El pequeño batallón penetró en la jungla hasta que vieron un fuerte; dos centinelas custodiaban la puerta, los cuchillos cortaron sus gargantas; entraron en la fortificación y se dispusieron a resistir el asedio.
-Hemos matado a muchos; os habéis portado como unos valientes.
    El capitán Esteban Rodríguez de Figueroa alentaba a sus hombres. Ocho de ellos presentaban algunas heridas, sólo dos estaban graves. Nadie los molestó en las siguientes horas. Los gemidos de los heridos perforaban los tímpanos. El soldado Pascual Méndez murió a primera hora de la tarde, la madrugada fue testigo de la agonía de Severino Gutiérrez que expiró al amanecer. Con la primera luz vieron a un natural de Joló haciendo señas a pocos pasos de la puerta del fuerte. Sus gestos indicaban que quería parlamentar.
    - ¡Abridle! - Ordenó Bernardino de Sande.
      Traía en sus manos oro y con ayuda de un intérprete dijo que el Sultán Raxa Ira había oído hablar de los Castilla, que había visitado Borneo y el tío y el primo del Sultán Rexar le habían hablado de ellos; que se sometía y aceptaba las condiciones de los españoles. Los soldados prorrumpieron exclamaciones de alegría; los capitanes convinieron en entregarles el oro que había traído el mensajero y fueron a entrevistarse con el Rey de Joló.
      - Debe de tener barcos muy rápidos si ha llegado antes que nosotros de Borneo -comentaba Bernardino durante el trayecto hasta el poblado.

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