domingo, 11 de marzo de 2012

EL HUNDIMIENTO DE LA FLOTA 2

El contador muy enfadado mandó a los oficiales que llevaran al hombre y a la mujer a la cárcel y retiraran el cadáver. Furioso se encaminó, acompañado de Miguel de Alcántara, a la casa donde estaba hospedado Don Gonzalo de Ronquillo. Con rabia golpeó el portón, el ruido resonó en el interior sobresaltando a los inquilinos. Arrastrando los píes, Amancio gritaba “ya voy, un momento, por favor”, “estas no son horas”, “no hagan más ruido”. La lluvia se coló al abrir la puerta.
-         Haga el favor de llamar a su amo- dijo el Contador con un tono imperativo que no daba lugar a réplicas.
-         Un momento, señor Núñez, me visto y bajo. - Don Gonzalo habló desde lo alto de la escalera. - Amancio, deles algo de beber y que se sequen junto a la chimenea.
Cuando los visitantes explicaron el suceso que acababan de vivir en el campamento, Don Gonzalo no podía creer que fuera cierto. Su cara reflejaba asombro e incredulidad. Don Diego tenía idéntica expresión en el rostro. Esos sentimientos de incredulidad se fueron mezclando con rabia, humillación, hasta llegar a la furia. Habían pecado de ingenuos, Don Gonzalo sentía vergüenza de sí mismo.
-         He intentado advertirles muchas veces de que algo parecido podía suceder. Nosotros no podemos controlar a tantas personas. La posibilidad de salir del país con total impunidad y sin gastos es un sueño dorado para muchos maleantes que han podido colarse entre esos colonos. La Casa de la Contratación no puede dedicar todo su esfuerzo a comprobar las identidades de los pobladores, tenemos otras misiones también muy importantes aunque a ustedes no se lo parezcan - dijo con intención mirando a Don Diego. - No son los únicos que ocupan esos barcos, nuestros soldados y gobernantes de América dependen de las mercancías que van en los navíos, sus hombres son sólo otra carga más.
-         Lo entiendo, lo entiendo...- dijo Don Gonzalo apesadumbrado.
-         No quiero parecer exigente... Su Majestad ha dado órdenes de que les ayudemos en todo pero. .. necesito de su colaboración. Además para ustedes es preferible descubrir los posibles engaños aquí. ¿Qué será de su expedición si entre la gente honrada se han escondido criminales? Causarán terribles desgracias cuando se sientan libres en tierras lejanas.
Don Gonzalo interrogó con la mirada a Don Diego y éste asintió con la cabeza reconociendo su error.
-         Haremos todo lo que nos pida, lo que considere necesario.
El Contador bebió un sorbo largo de la copa que reposaba en una pequeña mesa al lado del sillón en el que estaba sentado junto al fuego.
-         Es preciso revisar las licencias con detenimiento y en el caso de las mujeres comprobar con conocidos, si los hay, la autenticidad del vínculo matrimonial. Haremos una relación exacta de todos los pasajeros, seglares y frailes, y la mandaremos al Consejo de Indias para que compruebe si son las personas que han recibido licencias de ellos. En el caso de que haya algún extraño, se le mandará aviso de forma urgente para que tome las medidas que considere precisas.
Así se hizo. Se establecieron varios controles para revisar los permisos entre los gritos de protesta de los colonos que tenían que aguantar colas e interrogatorios bajo la lluvia que no acababa de parar. Dos veces más, en días sucesivos, el contador dispuso que las naves abandonaran puerto; sin embargo, no llegaron a soltar amarras, fue imposible.
Una de esas lluviosas mañanas ocurrió un suceso muy importante y clarificador.
-         Contador, ¿puede venir un momento al control del campamento?
El soldado Serafín estaba ahogado por la carrera. El contador hablaba con los capitanes de los barcos diciéndoles que si el tiempo no mejoraba, habría que arriesgarse, que la flota ya se había retrasado demasiado y eso entorpecía el comercio de toda la temporada pues al estar los muelles ocupados, las otras flotas, que irían a Tierra Firme y demás puertos de América, no podían empezar a cargar las mercancías.
-         Las naves de la próxima flota deben pagar sus fianzas antes del 15 de marzo, ese día ya estarán aquí - decía sin prestar atención al soldado Serafín. - Tienen que estar listas para salir el 15 de abril. Es preciso, como ustedes comprenderán, vaciar el puerto antes.
-         Por favor, contador... Don Gonzalo de Ronquillo me envía con un aviso urgente para que se reúna con él en el control del campamento.
El conjunto de tiendas, mojadas y embarradas, hervía de comentarios. Don Gonzalo y Don Diego estaban muy preocupados.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada