sábado, 17 de marzo de 2012

EL FRACASO DE ALFARO 3

El capitán Gabriel de Rivera contemplaba las líneas de luz que se filtraban por los árboles de la jungla de Mindanao. Había tardado varios meses en concluir el primer censo de la isla; durante ese tiempo sus intentos de atraer al vasallaje a los naturales habían resultado vanos. Siguiendo las indicaciones del gobernador, había recalado primero en Joló. No llevaba órdenes de solicitar tributo, las súplicas del Sultán Raxa Ira habían sido atendidas; el motivo de su visita era comprobar si el Rey de Joló cumplía lo que había prometido al capitán Esteban Rodríguez de Figueroa. Cuando fondearon en la pequeña isla, vieron un barco chino medio enterrado en la arena de la costa, preguntaron al Sultán y confesó que había matado a diez tripulantes y el resto permanecía bajo su custodia. Gabriel de Rivera obligó a Raxa Ira a soltar a los prisioneros y con ayuda de los soldados españoles arreglaron el navío y los chinos regresaron a su tierra muy agradecidos. Para solicitar su perdón, el Sultán regaló al capitán una pieza redonda de artillería que tenía grabadas las Armas de Portugal y tres anclas grandes que podían servir para naves de mil toneladas.
Los españoles cruzaron hasta Mindanao y el recibimiento fue el esperado, las tribus corrieron al interior de la selva en cuanto escucharon los pasos de los soldados. El capitán, que ya estaba preparado para esta fría acogida, dejaba en los poblados por los que pasaba regalos de buena voluntad como puñales, mantas y cera. Su táctica obtuvo frutos tras varias semanas de pacífica espera dedicadas al estudio de las plantas y cultivos de la zona.
Bahandre, Principal del pueblo de Silanga de Mindanao, se acercó una mañana acompañado de sus guerreros al campamento instalado en la margen izquierda del río. Los soldados lo recibieron con calurosas muestras de satisfacción y reverencia y Gabriel de Rivera, acompañado de un traductor, mantuvo la primera conversación con el anciano, cuyo cuerpo estaba profusamente decorado por tatuajes azules, estableciendo un débil vínculo de amistad. El Principal de Silanga cooperó en la elaboración del censo cuando comprobó que las intenciones de los intrusos no eran violentas. Gabriel de Rivera, orgulloso, firmó el 2 de abril de 1.579 el primer censo de Filipinas donde se podía comprobar desde la información de cuántos habitantes tenían las pequeñas poblaciones de la zona. Silanga-200/ Smirey-200/Caracan-100/ Luzon 160 /Costa al Este, en un río donde hay minas de oro, están los Milanes, a los que se calcula en diez mil tingues (monteses) que formaban un pueblo llamado Casuipaán - 10.000. Un detallado censo del que siempre estuvo orgulloso.

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