martes, 28 de febrero de 2012

LA TOMA DE BORNEO 6


-         Queridos y bien amados hermanos. Nos ha costado mucho esfuerzo y muchas vidas llegar hasta estas tierras. Han pasado casi quince meses desde que abandonamos la costa de Sanlúcar. Llevar la palabra de Dios y su santo Evangelio a todos aquellos que son menos afortunados que nosotros y que todavía viven en las tinieblas es nuestra única misión. Aunque a veces ante los muros que se levantan en el camino nos sintamos desfallecer, no debemos rendirnos. Cuanto más dura sea la lucha, más nos acercamos a nuestro Señor Jesucristo. Si él entregó su sangre por todos los hombres, nosotros, humildes pecadores, no podemos negarnos a sufrir el mismo martirio. No sabemos qué encontraremos oculto en esas oscuras espesuras que se adivinan en el horizonte, sea lo que sea lo enfrentaremos con la palabra de Dios en los labios. Los hermanos Fray Pablo de Jesús y Fray Bartolomé Ruiz van a desembarcar en esas playas que llaman de Camarines y harán el resto del trayecto a pie para darnos cuenta de sus impresiones cuando se reúnan con nosotros en Manila. Todos rezaremos por ustedes, hermanos, para que no haya peligro en su camino.
El Padre Alfaro estaba en la cubierta del navío que había salido en marzo de Acapulco. La travesía, a pesar de los últimos vientos contrarios, no había sido mala. En las Islas de Los Ladrones descansaron seis días antes de contemplar las tierras de Filipinas. Fray Pablo de Jesús y Fray Bartolomé Ruiz esperaban en silencio, con las cabezas inclinadas, la bendición del Prelado. Alfaro realizó la señal de la Cruz en el aire y la pequeña embarcación, que acercaría a los frailes a la playa, comenzó a alejarse. Los barcos prosiguieron hasta Manila donde llegaron en los primeros días de julio de 1.578. (*)
La llegada de los religiosos produjo una revolución en Manila, todos se acercaban a darles la bienvenida. El primero fue Fray Agustín de Alburquerque.
-         Es un milagro. ¡Un verdadero milagro! Llevamos años rezando para que alguien nos ayude. Vayamos al Monasterio, los hermanos están deseando conocerlos.
El Padre Alfaro preguntó por el gobernador y Alburquerque le explicó que se encontraba en Borneo.
-         Llevan desde marzo fuera de Manila. Mientras regresa el Doctor Sande, no se apuren, compartirán nuestra mesa y nuestra humilde morada.
Los franciscanos estaban abrumados con tantas muestras de cariño; mujeres y niños besaban sus manos y los hombres se descubrían la cabeza en señal de respeto a su paso. El Monasterio de San Agustín tocó la campana que coronaba su torre.
-         Fue lo único que se salvó del asalto del corsario Li- Ma-Hong -explicó el Padre Alburquerque señalando la campana.
-         ¿Corsario?- preguntó temeroso Fray Esteban Ortiz.
-         No se preocupen, huyó y nadie sabe con certeza dónde se encuentra.
 Sonrió el agustino abriendo la puerta del Monasterio.
-         ¡Alabado sea el Señor! Por fin llegaron. ¿Has oído? Ya han llegado -dijo Fray Francisco Ortega en cuanto vio a los invitados.
-         Les presento al Padre Ortega, nuestro contacto directo con Dios.
Los franciscanos pronunciaron algunas palabras de presentación dirigidas al anciano que se alejaba en dirección a la cocina corriendo y mascullando “la comida”, “más comida”.

* NOTA DEL AUTOR-Algunas fuentes sitúan la llegada de los franciscanos en el mes de julio de 1.577. No obstante, si tenemos en cuenta una carta escrita por Alfaro el 25 de julio de 1.578, en la que expone que su peregrinación ha durado 15 meses y que cuando él y sus hermanos llegaron, Sande estaba en la Jornada de Borneo, no queda más remedio que fechar en el 78 la llegada de los franciscanos.

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