sábado, 25 de febrero de 2012

LA TOMA DE BORNEO 4

En el poblado apenas había artillería, los españoles sólo pudieron hacerse con tres pedreros, una pieza de batir saetas y unos pocos arcabuces sin munición. Uno de los pedreros tenía las Armas de Portugal.
-         Francisco, no considero acertado establecer un destacamento en esta tierra enferma y estéril.- Luis de Sahajosa hablaba con un Sande que cada día confiaba menos en él. - Los hombres están agotados, podemos volver con la cabeza alta a Manila; les hemos infringido una gran derrota pero continuar aquí sería una estupidez. Perdona que te hable así pero no sé qué te ocurre, ya no razonas.
-         El que no entiende qué te está pasando soy yo, Luis.- Sande lo miraba con el ceño fruncido. - Tampoco me encuentro bien, tengo fiebre, pesadez en las piernas... pero me aguanto- gritó pegando un puñetazo en la mesa. - ¿Crees que voy a abandonar ahora? Estás muy equivocado. Llevo años esperando una victoria como ésta. Ahora Su Majestad me tendrá en consideración. Esta sucia tierra, como tú la llamas, será conocida como la isla que conquistó el doctor Sande, Francisco de Sande, natural de Cáceres. Años soñando con un triunfo como éste... Escribiré al Rey Felipe II solicitando el hábito de Santiago o el de Alcántara en reconocimiento a una empresa tan gloriosa y ni tú, ni un puñado de maricones que se llaman soldados podrá hacerme desistir.
Luis de Sahajosa enojado abandonó la habitación del palacio.  Apenas fuera varios soldados se acercaron llamándole con grandes aspavientos. El maestre de campo, intrigado, fue hacia ellos para comprobar qué pasaba. El capitán Juan de Carrión, con voz entrecortada por la emoción, le dio la gran noticia.
-         Tenemos a un tío y un primo del sultán. Magachina lo ha reconocido como el que lo cogió prisionero. Estaban cerca, espiando con unos pocos soldados. No han presentado oposición y piden hablar con el gobernador.
Sahajosa se acercó a saludar a los prisioneros como se merecían al ser personas importantes y pidió que los trataran bien. La entrevista con Sande tuvo lugar en el palacio al día siguiente. Los dos prisioneros se mostraron muy comedidos y amistosos y prometieron hablar con el Sultán Rexar para conseguir que se doblegase a las exigencias de los ganadores. Sande, entusiasmado, mandó a Sahajosa, a los capitanes Juan Pablo Carrión, Juan Maldonado, Juan de Morón, al tesorero Salvador Aldave y a setenta hombres que escoltaran a Salalilla hasta el refugio del Sultán. El gobernador se quedó en el poblado con cuatro capitanes de galeras.
Los soldados castellanos empeoraban día a día; la fiebre se cebaba en ellos y permanecían tumbados y delirando. Las primeras muertes se produjeron con rapidez,  Sande tampoco se recuperaba y la enfermedad alcanzó al Padre Rada, quien debilitado tras el atropello de los chinos, murió de la noche a la mañana. Esta muerte consiguió que Sande recuperara un destello de lucidez y, por primera vez, contempló a los soldados tendidos en el suelo fangoso, devorados por los bichos que andaban por sus cuerpos con impunidad. Trastornado por la visión, levantó el campamento y se refugiaron en los barcos que fondeaban frente a la costa en espera del regreso de los demás.

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