martes, 14 de febrero de 2012

LA PROPUESTA DE RONQUILLO 6


-         Diego, vamos a ver qué te parece el proyecto definitivo.
Gonzalo de Ronquillo y su primo estaban desayunando en la casa que compartían en Madrid. Gonzalo había dado forma a la idea que Don Diego le había dibujado aquella lluviosa mañana de abril.
-         Tengo entendido que Su Majestad ha recibido una carta del Virrey de Nueva España insistiéndole en la necesidad de enviar pobladores a las Filipinas. O redondeamos de una vez el proyecto o se nos adelantará cualquiera. El Virrey ha escrito en términos parecidos a éstos "la mayor falta que hay en las Islas Filipinas es de gente para su población y poder resistir las violencias que los que están allí quisieran hacer".
Diego imitaba el acento de Martín Enríquez al que ambos conocían bien.
-         Tan formalista como siempre, pero tiene razón.
-         Sé que voy despacio –contestó Gonzalo de Ronquillo - pero en un plan tan importante las prisas no son buenas consejeras. De todas formas, creo que lo tengo ya. Podemos proponer juntar en Castilla a seiscientos hombres de todos los oficios, sobre todo gente versada en hacer navíos. Reuniremos a la gente y ofreceremos contratos civiles no como soldados. Debemos conseguir que la recogida sea voluntaria y pacífica por eso la búsqueda se realizará sin tocar pífano, ni tambor, ni enarbolar banderas, ni mucho menos tomar hombres a la fuerza. Yo me comprometeré a equipar a los voluntarios con un arcabuz, una cota de malla, espada y daga. Llevaremos una buena cantidad de religiosos, tanto para atender a la expedición como para evangelizar a los naturales. Esto es muy importante pues conocemos la obsesión del monarca por el tema de la evangelización.
-         Pasaremos a la historia por ser el reinado más católico y que más almas convirtió.- Ironizó Diego.
-         El mayor problema será mantener a seiscientos hombres hasta el momento de embarcar. He pensado que lo mejor es que los voluntarios vayan por sus propios medios hasta Sevilla o Sanlúcar y allí nos haremos cargo nosotros.
-         ¿Cuándo vas a presentar la propuesta ante el Consejo de Indias?
-         Si te parece bien, mañana mismo.
Diego asintió pero no parecía muy convencido.
-         Tengo una duda. Este plan nos lleva hasta Filipinas, sé que esperas que te den el puesto de Sande pero y ¿si no lo hacen? ¿Qué será de nosotros en las islas? Ya conoces a nuestro viejo amigo el doctor, es bastante vengativo y no le hará mucha gracia que lleguemos allí con tanta gente.
-         Exageras con Sande. No me dejas terminar, mi plan también tiene futuro. Como bien dices, espero que me nombren gobernador, no hay semana que alguien de Filipinas no escriba para quejarse de Sande, pero por si acaso, me comprometo, en el proyecto a mandar y vigilar el descubrimiento y la explotación de las minas de oro y plata de las que tanto hablan y de las que aquí todavía no se ha visto ningún resultado.
-         El proceso será largo. El Consejo de Indias debe escribir a Nueva España, esperar la respuesta de Martín Enríquez y después exponerlo a Su Majestad. Tendremos que esperar unos meses.
-         Según mis cálculos, te da tiempo a enamorarte unas cinco veces más. Aprovecha, que después tendremos mucho trabajo.
Rió Gonzalo y Diego simuló pegarle una estocada con uno de los cuchillos que estaban sobre la mesa.

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