domingo, 12 de febrero de 2012

LA PROPUESTA DE RONQUILLO 4

Mientras las quejas de los oficiales y capitanes comenzaban a moverse entre las distintas autoridades de España, las cosas en Filipinas iban de mal en peor. La Caja Real estaba vacía, el dinero escaseaba en todas las bolsas; las antiguas deudas no sólo no eran canceladas sino que la hacienda pública no se hacía cargo de nuevos pagos, el ambiente que se respiraba hacía presagiar alguna desgracia. El gobernador seguía indiferente a cualquier reclamo razonable. Su nueva obsesión era encabezar una Jornada que diera gloria a su estancia en Filipinas y de paso, congraciarse con el Monarca.
-         Luis, te he hablado de esto varias veces pero nunca me das tu opinión, evades cualquier respuesta directa. Ya que lo de China no salió bien ni lo de Cagayán, he pensado un nuevo destino, quiero ir a Borneo, tienen buenas fundiciones y sus navíos son excepcionales. El astillero ha fabricado dos galeras pero va muy despacio. Si los borneyes nos dieran tributo, conseguiríamos barcos fácilmente; incluso podríamos trasladar la producción de naves a Borneo, tienen todo lo necesario. Nuestras relaciones comerciales se basarían en barcos, munición y especias. Ahora que ha regresado el Santiago con doscientos hombres es el momento de movernos.
El doctor Sande llevaba varios meses intentando que Sahajosa le secundara en su plan pero el maestre de campo se mostraba remiso; aún no había olvidado la derrota de Cagayán ni el atentado que sufrió, el hombro herido le seguía molestando con la humedad. Alarmado por la idea insistente de Sande, había lanzado indirectas a los capitanes de Manila para que se pronunciaran sobre la conveniencia de una Jornada en Borneo. No había pedido consejo abiertamente pues las relaciones seguían siendo tensas con ellos. Las contestaciones de los capitanes le reafirmaron en su primera impresión: ir a Borneo era una locura sin sentido y sin beneficios. Las relaciones con los musulmanes de los países de alrededor y del sur de Filipinas siempre habían sido conflictivas, por eso exponer a los hombres a un enfrentamiento directo con los seguidores de Alá de Borneo sería un descalabro del que Filipinas tardaría en reponerse. Habían perdido muchas vidas en los anteriores meses para arriesgar más sin ningún sentido. Por eso intentaba eludir las conversaciones con Sande y si no podía, intentaba quitarle tan arriesgada idea de la cabeza.
-         Francisco, aquí la gente teme a los musulmanes. Durante siglos han estado hostigando a los naturales y, antes de llegar Legazpi, eran los dueños y señores. Los soldados aseguran que los borneyes están esperando el momento de cobrarse su venganza y que cualquier provocación sería terrible. Se comenta que el Sultán Rexar, el Rey de los borneyes, para evitar un enfrentamiento directo está enviando espías a zonas de Cebú y otras islas, alejadas de Manila, para intentar que los indios se levanten contra nuestro dominio. Pero sólo son rumores, nada hay cierto. Una Jornada como la que planteas costaría muchas vidas y no creo razonable arriesgarnos cuando todavía tenemos que pacificar muchas zonas. Si sale mal, ellos se vengarán y no tenemos capacidad de defensa.
-          Te preocupas demasiado- le contestó Sande. - Primero, no vamos a temer de un Rey que se esconde y no da la cara; esa actitud dice mucho sobre su valentía. Y segundo, no tengo intención de luchar, me interesa el comercio, lo bueno que nos puede ofrecer esa amistad a ambos.
-         No sé, Francisco, no lo veo claro.
-         Además - continuó Sande- esta Jornada hará que mis relaciones con la Iglesia mejoren. Les doy la oportunidad de convertir, nada más y nada menos, que a miles de moros. Tengo entendido que algunos religiosos se han quejado a Su Majestad, dicen que no los tratamos con amabilidad. Son como niños, creo que hasta le han hablado de que no vamos a misa.- La cara de Sande estaba colorada de indignación. - Ya sabes que el Rey antepone el tema de la religión a cualquier ganancia. He pedido religiosos en repetidas ocasiones aunque, la verdad, he escrito poco al Monarca en estos años. Estas peticiones no serán suficientes si los frailes empiezan a quejarse de nosotros porque el Rey les hará caso. Si entretenemos a los agustinos con Borneo, se olvidarán de Manila. Me llevaré al Padre Rada para que recupere la ilusión después del susto de los chinos, la conquista de China llegará cuando tengamos buenos barcos y éstos saldrán de Borneo. Rada es muy respetado por sus compañeros y por la gente de aquí, cuando tengamos firmada la paz con los borneyes le daré licencia para que se quede allí y durante un tiempo nadie se preocupará de si asistimos o no a esos aburridos oficios religiosos.

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