lunes, 20 de febrero de 2012

LA JORNADA DE BORNEO 4

Al amanecer, Sande llamó al Padre Rada y al escribano Alonso Beltrán al que dictó una carta para enviarla con una embajada de paz al Sultán Rexar, rey de Borneo. Sahajosa asistió a la reunión.
-         Le voy diciendo y usted, que es persona instruida y experimentada en cuestiones de paz, si considera que algo no es correcto, me lo hace saber.
Sande se dirigía al Padre Rada. Hablaba dando zancadas por el camarote.
     Ya vos sabéis que tanto yo, Sande, como mis capitanes, por mandato del Rey nuestro Señor, vivimos en Manila, en la Isla de Luzón, y Cebú y otras partes. Allá en Manila se ha publicado que estáis intentando hacernos la guerra, incitando a los naturales de Luzón y otras partes para que se levanten y alboroten contra nosotros, habéis enviado espías a Cebú para que se levanten y a otras partes y que saliste fuera de vuestra casa con esta idea de proclamarnos la guerra con armada de navíos... ¿Le pasa algo, maestre? ¿No es eso con lo que me ha mareado los últimos meses?
Sahajosa no respondió. La voz de Sande se elevó.
– Y porque mi voluntad es buena no os vengo a robar ni dañar sino a hacer negocios, porque el Rey nuestro Señor así lo manda. El Rey de Castilla nuestro Señor gasta mucho dinero con nosotros y nos envía por todo el mundo a que divulguemos la ley del verdadero Dios y ahora vengo a vos a deciros principalmente para que conozcáis a nuestro verdadero Dios y Creador. No quiero haceros mal alguno, ni tomaros vuestras haciendas. Al contrario si vos sois nuestro amigo os ayudaré  y defenderé, que así lo ha mandado el Rey, mi Señor, y así ofrezco paz y amistad de nuestra parte.  De tal manera que haya seguridad de una parte y de la otra, para poder ir y venir unos a otros a contratar y mercadear como se suele hacer entre amigos. Lo que habéis de hacer es admitir predicadores del Santo Evangelio que prediquen la ley de los cristianos en esas tierras con toda seguridad y que también tenga libertad y licencia cualquier persona de los naturales de esa tierra para oír al predicador de la ley de los cristianos y el que quisiere volverse cristiano, lo pueda hacer sin que por ello se le haga mal alguno. Así mismo quiero que vos no enviéis a predicar la secta de Mahoma a ninguna parte de estas islas ni a los gentiles que hay en Tingues y otras partes de esa isla, por ser como es ley mala y falsa y mala la secta de Mahoma y sólo la de los cristianos es verdadera, santa y buena...
El Padre Rada escuchaba satisfecho e hizo un gesto a Sande para que prosiguiera. Sahajosa seguía taciturno.
-         Asímismo habéis de dar a los herederos de Raxa Solimán y Laucadora, naturales de Luzón, que son Vasallos del Rey Nuestro Señor, mis súbditos, en su real nombre esclavos y bienes que tenéis allá suyos retenidos y los prisioneros vuestros que estén en mis tierras os los devolveré. Además debéis dejar venir libremente a las personas que tenéis retenidas por decir que son ricos y que tengan licencia para volver a su tierra pues vinieron a contratar con vosotros y no es razón hacerles fuerza sino dejarlos libremente ir con sus mujeres e hijos y haciendas. Así mismo habéis de prohibir que vuestra gente pida tributo en esta isla porque a partir de ahora los cobraré yo. Respondedme y no detengáis a los mensajeros aunque ellos digan que se quieren quedar allá con vos porque si así ocurre, entenderé que hay algún engaño de vuestra parte contra nosotros. Como venimos por la mar y tenemos necesidad de provisiones, enviarnos ustedes algunas, las que os dirán los mensajeros y se os pagará como vos quisieres, que para ello traemos oro y plata. Espero vuestra respuesta y poder tener una entrevista personal; avisadme con toda brevedad. Dios os de la verdadera luz y salud, el doctor Francisco de Sande. En trece de abril de 1.578.

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