domingo, 19 de febrero de 2012

LA JORNADA DE BORNEO 3

Las quejas de los oficiales y capitanes de Manila habían surtido efecto aunque las buenas noticias no habían llegado aún a las lejanas islas. El Rey Felipe II había escrito varias Reales Cédulas a Sande, pero todavía se encontraban en camino, el trayecto entre España y Filipinas era muy largo. En ellas afirmaba que la conquista de China no le parecía acertada de momento, que sólo se procurara la amistad y las buenas relaciones con el vecino reino, evitando cualquier causa de indignación. El monarca no deseaba en esos momentos correr grandes riesgos, para él era suficiente que los descubrimientos fueran dentro del ámbito de las Filipinas, y que esos territorios fueran posteriormente pacificados y poblados. Para seguir con esa política se comprometía a mandar desde España cada año más personas, armas y municiones y todo lo que se pudiera enviar. En una de las cédulas explicaba que se habían enviado ya al virrey de Nueva España algunas armas y le habían solicitado que mandara toda la artillería, los fundidores, ingenieros, mandadores de galeras, plomo y pólvora  que pudiera. También le habían encargado que enviara más religiosos y comentaba que ya estaba en camino una expedición de descalzos. En esas cartas el rey español daba seguridad a Sande  de que no olvidaba a  las Filipinas y aconsejaba  que gobernara con el seso y la prudencia que su cargo le confería.
Agradecía al gobernador la fortificación de Manila y aconsejaba que en el presidio principal hubiera gente por si había problemas para poder utilizarlos en la defensa de la zona. Una parte muy importante de esas cartas era la que hacía referencia a los repartos de tierras, las llamadas encomiendas. Para Felipe II las encomiendas eran necesarias, era un premio para los soldados y los que habían sufrido por el reino. Así que se reafirmaba en las encomiendas que ya estaban dadas y ordenaba que en el futuro se regalaran más tierras a quien se las hubiera ganado. El Rey ordenó a Sande que devolviera a Guido de Lavezaris todo lo que le había quitado: tributos, casa e indios por lo bien que había servido a la Corona. Un tiempo después, en mayo de 1.578, contestaría a los oficiales y obligó a Sande a levantar el embargo, a devolver las tierras y a pagar todos los salarios.
Pero las cartas tardaban años en llegar a su destino, el camino entre Madrid a Manila era largo y tortuoso. De momento, Sande que aunque no lo sabía ya no era gobernador, seguía haciendo su santa voluntad. La armada española cruzó las 200 leguas que separaban la Isla de Luzón de Borneo en cuarenta días de tranquila navegación y el 12 de abril de 1.578, la flota se encontraba a legua y media de la desembocadura del río Borneo. La bienvenida confirmó las malas expectativas de Sahajosa y los capitanes: una gran armada los esperaba a la salida del río y sus intenciones no eran amistosas.

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