viernes, 6 de enero de 2012

LEVANTANDO MANILA 4

Fernando Riquel seguía escribiendo las declaraciones sobre la carencia de plomo, nunca había tenido tanto trabajo. Dos días antes, el 5 de diciembre, lo había pasado ratificando las testificaciones de capitanes y los pocos carpinteros de Manila, sobre la imposibilidad de aprovechar la madera del navío San Lucas, varado en el puerto. El barco, con más de diecisiete años de navegación, era inservible, la madera carcomida se desmoronaba cuando la arrancaban. Sande decidió quemarlo y aprovechar los clavos para la estacada que estaban levantando. Una veintena de indios se afanaban esos días extrayendo, uno por uno, los clavos del San Lucas, alentados por las carcajadas y las cuentas chinas: uno, dos, tres...

Sande no quería esperar para poner en práctica sus aspiraciones y cumplir, a la vez, con los mandatos de Felipe II. Había que descubrir minas de donde sacar oro y concluir con la pacificación de las islas.

- Luis, pronto vas a tener la primera oportunidad de demostrar tu eficacia.- Sande y Luis de Sahajosa estaban bebiendo en el despacho de las Casas Reales. La ronda de declaraciones sobre el plomo acababa de terminar.
- ¿Qué estás pensando, Francisco? - Luis de Sahajosa miraba a través de la ventana a los testigos que se alejaban.
- Hay que buscar minas y empezar a dejar nuestra impronta en esta tierra. Ya hemos perdido demasiado tiempo. El otro día tuve una conversación con ese polluelo que se cree tan importante porque le han dado el cargo de maestre de campo, me dio una idea.
    - Estuve dos días esperando para hablar con él. ¡Ni que fuera el Rey! Ahora no puede ser, venga mañana... Excusas.- El capitán Juan de Salcedo conversaba en su casa con Andrés de Cauchela y Guido de Lavezaris.
    - Esecerdo se ofreció a ir a Cagayán a pacificar la zona, a terminar de conquistarla.- Sande ofreció una copa de licor de arroz a Sahajosa, que la tomó mientras se sentaba a escuchar lo que tenía que decirle su amigo.
    - Le conté los planes que teníamos antes del desafortunado incidente de Pangansinan y traté de convencerlo de la necesidad de concluir la pacificación de Cagayán. Me ofrecí a ir con cuarenta hombres. Pero no me escuchó.- Lavezaris hizo un gesto de comprensión con la cabeza.
    - Me expuso muy bien su plan: Ir con unos pocos hombres y entrar en contacto con las tribus de la zona. ¡Mariconadas! Platicar y platicar, llevan años platicando y así estamos. Mano dura, eso es lo que necesitan estos indígenas.- Sahajosa se reía a carcajadas ante el comentario de Sande.
    - Le expliqué cómo hemos trabajado hasta hora, tratando de evitar la fuerza y poniendo orden en los conflictos que surgen entre los naturales, como vi hacer a mi abuelo. No me escuchó, garabateaba con la pluma cifras y letras y tuve la sensación de estar hablando con una pared.- Andrés de Cauchela pegó un puñetazo en la mesa y masculló "desagradecido".
    - Hice como que no me enteraba de lo que decía, se puso furioso. Lo noté por la vena del cuello que se le iba hinchando.- Sande coreaba las risotadas de su amigo.
    - Tuvo la desfachatez de decirme que no era yo la persona más indicada para darle lecciones de cómo llevar a cabo una jornada militar.- Lavezaris y Cauchela cerraron los puños indignados.
    - He pensado que lo mejor es que vayas tú, Luis, a esa jornada. A Cagayán.- Sahajosa cesó sorprendido su festival de risas.
    - Nada, no está dispuesto a escuchar nuestros consejos. Tendremos que seguir sacando clavos y robándonos nuestro propio plomo.- Salcedo estaba abatido.
      - Sí, tú. Pero nada de cuarenta hombres, llevarás un buen ejército y demostrarás que con nosotros no se juega. Quiero que te lleves la nave que vino como almiranta, la San Juan, y cogerás parte de los soldados que vinieron de Acapulco que todavía no están mal influenciados por las actitudes de los de aquí. Busca ciento veinte soldados jóvenes con ganas de luchar y, en cuanto lo tengas todo preparado, te vas a Cagayán. Se van a enterar de cómo se maneja a los indios.

      No hay comentarios:

      Publicar un comentario