miércoles, 4 de enero de 2012

LEVANTANDO MANILA 2

La flota fue recibida con alborozo, los habitantes de Manila abandonaron sus labores cotidianas para ir al puerto a dar la bienvenida a sus compañeros y a los soldados chinos. Sande mandó a su hermano a buscar al Padre Rada y a Miguel de Luarca para recibirlos inmediatamente. Una comitiva vocinglera los acompañó todo el trayecto hasta las Casas Reales. El gobernador los recibió en el despacho, pulcramente ordenado, lo que agradó a Rada e intimidó a Luarca. Le entregaron, tras las presentaciones, las cartas lacradas de contestación de los cargos chinos con los que se habían entrevistado y que iban encabezadas para Lavezaris.

Conforme las iba descifrando el nuevo gobernador, observaban cómo su gesto se torcía. Sande estaba leyendo lo siguiente: "Os rogamos que habiendo tomado a Li- Ma- Hong lo enviéis acá y si no concertaos con nuestros capitanes Xiaugac, Oumoncon y Sinsay para que se prenda y si no pudierais, enviaréis a Xiaugac con un par de navíos pequeños para que sabiendo lo que allí pasa enviemos muchos navíos y mucha gente y lo tomen. Si lo enviáis, yo mismo iré a nuestro virrey a decirle cuan bien lo habéis hecho y el virrey escribirá al Rey mucho bien y alcanzará recados para que los Castilla traten y comuniquen con nosotros..."

A pesar de las deficiencias en el lenguaje, las intenciones de los chinos eran bien claras, lo primero detener a Li-Ma-Hong. Si no había pirata no había conquista ni evangelización. Con la huida del pirata las esperanzas de entrar en China de una forma pacífica quedaron truncadas definitivamente. Sande montó en cólera cuando supo que los miembros de la embajada de paz habían declinado todas las ofertas de ayuda de China, pues en ese caso la derrota habría sido compartida y hubiera quedado algún resquicio para la colaboración futura. Pero tras la cabezonería y la presuntuosa superioridad demostrada, el mal ya estaba hecho.

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