lunes, 30 de enero de 2012

LA REVANCHA 3

La lluvia no había parado en toda la noche, Lavezaris andaba en compañía de los tres oficiales reales hacia el despacho de Sande. Los ánimos estaban muy alterados tras el nombramiento del nuevo maestre de campo. “Una afrenta”, “un insulto”, palabras de este tipo calificaban la designación.
- Nos va a decir que nos quita las encomiendas.
Andrés de Cauchela levantaba el embozo de su capa para evitar que el agua mojara su camisa mientras hablaba.
- ¿Qué me decís del astillero? Luarca estaba muy emocionado pero Sande no ha dado orden de que se destine ninguna partida para afrontar los gastos.
Salvador de Aldave inclinaba el ala del sombrero que el viento amenazaba volar.
- No me extraña. Apuesto lo que queráis a que no le paga nada a Luarca. Sande ha recogido su salario y el de sus amigos y la Caja Real está vacía. Mucho me temo que a nosotros tampoco nos va a pagar – decía Andrés de Mirandola mientras sacudía la cabeza en el porche de las Casas Reales arrojando gotitas de agua que mojaban a todos.
 - Ten cuidado, Andrés, pareces un perro - bromeó Lavezaris y entraron riendo.
El gobernador los esperaba con el maestre de campo y tres personas más en la reducida habitación. El calor era agobiante.
 - Veo que vienen muy contentos esta mañana.- Les saludó desde la mesa donde estaba apoyado. - Han sido puntuales. Eso me gusta. Por favor, alguno de ustedes- dijo dirigiéndose a los hombres del fondo de la sala- llamen al escribano, Alonso Beltrán, que espera fuera. Bien, les he hecho venir porque voy a proceder a leer las Ordenanzas que van a regir estas islas a partir de hoy. Les afectan a ustedes tres directamente, oficiales reales. A usted, Lavezaris, le he invitado por si tiene alguna observación que hacer. En cuanto llegue el escribano, comenzaremos.
 No se oía una mosca en la habitación, sólo la lluvia que caía a chorros por los canalillos del porche reflejaba un rasgo de vida. Las ventanas estaban abiertas pero la humedad del ambiente era tan alta que no podían respirar. Luis de Sahajosa se limpiaba el sudor con un pañuelo. Alonso Beltrán entró azorado pidiendo disculpas por el retraso. Sande atajó las excusas.
- Siento mucho que no haya sitio para todos, algunos tendrán que permanecer de pie. Prometo que no extenderé más de lo necesario. Voy a tratar de ser breve así que haré un resumen. Si no confían en mí, pueden comprobar al final la veracidad de mis palabras, leyéndolo con sus propios ojos.
Se detuvo pero nadie hizo ademán de querer decir algo.
 – En fin voy a comenzar. Establezco a partir de hoy un detallado registro para todo. Ustedes- miró a los oficiales- deben cobrar los tributos y las ropas. Y todas las cosas que pasen por sus manos las consignarán por escrito. Tendrán un libro que reflejará los pueblos que están en la Corona y los que en un futuro se conquisten. En cuanto a los tributos, van a cambiar las cosas. Si delegan en un cobrador, para evitar despistes, concertarán con él un precio, en dinero. Los cobradores, a partir de ahora, no pueden quedarse con parte de lo tributado, ya no cogerán gallinas, mantas o cera. Que quede muy claro, si toman alguna mercancía la deben pagar con dinero, se lo descuentan de su salario. Por supuesto que no pueden quedarse con indios bajo ningún concepto. Cuando el cobrador entregue lo tributado, ustedes apuntarán su nombre, qué indios han pagado, en qué pueblo y lo harán por orden, para que se entienda.
Las caras de los oficiales estaban muy serias, se cuestionaba el trabajo que habían realizado durante años.
 –Vamos con la almoneda. Se hará en un lugar público, de martes a viernes a las nueve de la mañana. Asistirá un pregonero y un alguacil tomará nota de todo lo que ocurra. Antes de cobrar, se declararán las partidas de los pueblos y provincias y se subastará por lotes de pueblos. Los productos no saldrán individualmente.- Lavezaris iba a protestar pero se contuvo. - Es necesario que haya un almacén para recoger ropa, arroz, vino, carbón... En fin, lo que ya saben. Ese almacén tendrá un libro de registro de cargo y data de lo que entre o salga. Allí guardarán la Caja Real, la caja de las tres llaves, cada una de las cuales tendrán ustedes en su poder. El almacén debe estar fortificado y las provisiones serán revisadas para evitar que se pudran. Si hay algún daño y se pasa por alto, los únicos responsables ya saben quiénes son...En cuanto a lo que entreguen a los carpinteros, calafates u otros oficiales, lo harán con mesura, dándoles lo necesario para una semana, no más. Controlarán y anotarán los clavos que entreguen, la ropa, las herramientas... Todo. Es preciso evitar abusos. Lo mismo con las tablas, la brea... Apuntarán a quién y cuánto han entregado y a ellos les darán un recibo. Las cuentas deben estar al día, para ello cada semana o como mucho el último día del mes, se reunirán y asentarán los libros. Un escribano lo rubricará. Así cuando les solicite las cuentas, no habrá retraso. Para hacer todo el proceso más sencillo, he determinado que viva con ustedes, en la casa que comparten, un escribano. Todas las mañanas cuando se levanten, se sentarán varias horas para despachar los negocios que debe conocer el Rey. He destinado tres horas a este menester pero si creen conveniente más o menos, es decisión suya.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada