domingo, 29 de enero de 2012

LA REVANCHA 2

El 7 de mayo de 1.576, la flota china abandonó Manila. Los Padres Rada y Alburquerque se despidieron con emoción. El primer día de travesía fue tranquilo, al segundo comenzaron a notar los cuchicheos que se producían cuando salían de su camarote, al tercer día los insultaron. El capitán Sinsay los tranquilizó y les pidió perdón en nombre de toda la tripulación atribuyendo su actitud al miedo que sentían por no haber podido librarse de Li- Ma- Hong. La agresividad fue en aumento al quinto día, el Padre Alburquerque fue golpeado por dos marineros y Sinsay les recomendó que no salieran del camarote. Explicó la actitud de los marineros asegurando que estaban enfadados por la forma en que habían sido tratados en Filipinas y que no estaban conformes con llevarlos de pasajeros. Al sexto día vieron de lejos el puerto de Bolinao pero la puerta de su habitación estaba cerrada con llave por fuera. Esa puerta se abrió de una patada durante la tarde de la séptima jornada y un alud de marineros cayó sobre ellos, los arrastraron a cubierta y los golpearon sin compasión. Rada miraba buscando a Sinsay o a los otros capitanes, pero todos habían desaparecido. El barco estaba varado cerca de la playa, les robaron los crucifijos y dos cálices, los lanzaron a una lancha que llevaron hasta la playa y allí los dejaron tendidos en la arena, ensangrentados e inconscientes.

Francisco de Sande caminaba con Sancho Díaz de Ceballos comprobando los avances de la empalizada. La mañana era calurosa y el sudor le corría por la frente y el cuello. Había sustituido sus trajes negros por unas amplias camisas, siempre blancas e inmaculadas, un chaleco y unos ligeros pantalones también blancos. Era su uniforme.

- Mire, doctor Sande, no es que quiera quejarme. ¡Bien lo sabe Dios! Pero si los hombres no se toman en serio su trabajo, no terminaremos nunca. Yo comprendo que tienen mujeres e hijos y prefieren estar en sus tierras que aquí en Manila. Usted y yo, que no tenemos familia, podemos dedicarnos por completo al servicio de Su Majestad, pero yo solo no puedo...

- Tranquilo, Díaz. Reconozco su labor. En las cartas que envié con el navío Santiago he solicitado que nos manden, por lo menos, un ingeniero especialista en la fortificación de una plaza. Esto es un primer esbozo. Pronto Manila será una verdadera ciudad. Ya lo verá.

La conversación fue interrumpida por Bernardino que llegaba corriendo para avisar a su hermano, Luis de Sahajosa había vuelto con sus hombres de Cagayán. Sande se despidió de Díaz de Ceballos y fue a las Casas Reales presuroso. Sahajosa lo esperaba bebiendo una copa.

- Por fin, Francisco, ha habido momentos en que creí que no te volvería a ver. Ven a mis brazos, buen amigo.

Los dos hombres se fundieron en un apretado abrazo.

- Siéntate, Luis, estarás cansado y tienes mucho que contarme. Además tengo buenas noticias para ti, pero te las daré al final. Es una sorpresa.

- Ha sido un infierno, un verdadero infierno. Los indios salían de todos los lados. ¡Y esas selvas! Son trampas mortales. El terreno es resbaladizo, nunca llega el sol, te hundes. Los mosquitos y los bichos no paran de picar. Muchos soldados enfermaron. Era terrible verlos andar con la mirada perdida por la fiebre. ¡Se han portado como unos valientes! Los indios son listos y traicioneros, no se dejan engañar. Hemos traído poca cosa. La llegada del capitán Chaves fue providencial, aún así, tenemos que lamentar sesenta bajas.

- Relájate, amigo. Tampoco ha sido fácil para mí -le indicó Sande. -Después del enfrentamiento de Lavezaris noto a la ciudad dividida. Pero no me preocupa. Dentro de poco, has llegado a tiempo de ser testigo, voy a demostrar a esos envidiosos quién soy yo. Como novedades, basta decir que tenemos un astillero, y es sólo el principio, con el tiempo tendremos una fundición y una ciudad completa. Dame dos años.

- ¿Y la buena noticia? No quiero decir que ésa no sea buena pero...- Interrumpió Sahajosa señalando la botella.

- Acabo de nombrarte maestre de campo.

Sonrió el gobernador ante la cara de sorpresa de su fiel amigo.

- ¿Maestre de campo? - Se le cayó el vaso de la mano haciéndose añicos en el suelo. - Oh, perdona...

- Sí, ¿no te has enterado? Salcedo murió hace unas semanas en Igolot. Esperaba tu regreso para sustituirlo.Pero como se ha muerto, no he tenido esta vez que pelearme con nadie. Te puedo nombrar a ti sin problemas. Además eres la persona más indicada, de total confianza.

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