miércoles, 25 de enero de 2012

EL ESCLAVO QUE VENDIÓ SU LIBERTAD 6

- No soy muy bueno disimulando. Tendré que aprender. Nuestra religión nos enseña a ser honestos y no aprendemos los trucos necesarios para vivir en sociedad.
Don Gonzalo miró con simpatía al Padre.

- Hable sin tapujos.

- La Real Cédula de Felipe II nos ordena que vayamos a esas islas. A mí no me parece mal, cualquier lugar es bueno para introducir la palabra da Dios, más en esas tierras donde todos sus habitantes son infieles. Este hábito ha conseguido que me libere de muchas servidumbres a las que el cuerpo humano está sujeto pero no ha sosegado mi ánimo inquieto; al contrario, la impaciencia por comenzar mi labor es cada día más fuerte. Algunos de los hermanos, instigados por mí, han comenzado a recabar información sobre Filipinas ya que nuestros conocimientos son muy escasos. Hemos sabido que todas las relaciones se hacen a través de México y pensé que usted, que acaba de regresar de allá, podría contarme algo.

Gonzalo de Ronquillo sabía que el Padre Alfaro podría serle muy beneficioso en el futuro si él llegaba a pisar el suelo de Manila. Tener un amigo y más un franciscano que llevase un tiempo en la tierra cuando él llegara, le ayudaría a establecer un poder más sólido. Con tranquilidad comenzó a explicarle lo que sabía de Filipinas.

- Llegamos a Cebú en 1521. Magallanes fue el descubridor del Archipiélago de Filipinas que recibió esté nombre en honor a su majestad Felipe II. El gran navegante murió a manos de un nativo llamado Cebuano en un islote cercano a la isla donde habían establecido su cuartel general. Pasaron varios años hasta que nuestros soldados volvieron por esas lejanas islas. Fue un guipuzcoano, llamado Andrés de Urdaneta, que viajaba en la expedición de Magallanes quien, ya convertido en fraile agustino, convenció al virrey de Nueva España, Antonio Mendoza, para que sugiriese a Su Majestad de la conveniencia de enviar una nueva expedición a través del Pacífico. Urdaneta era un gran aficionado a la cosmografía y conocía las posibilidades de esas tierras. Por indicación suya, el virrey nombró jefe de la expedición a Miguel López de Legazpi. La expedición llegó a Cebú el 27 de abril de 1565 y seis años después fundaron Manila, trasladando allí la capitalidad del archipiélago.

Las palabras flotaban en el ambiente caldeado del salón, Alfaro prestaba mucha atención.

- Si Su Majestad considera necesario que la Orden Franciscana se radique allí, no debe tener ninguna intención de abandonar la conquista...
Los ojos oscuros de Alfaro daban forma a las imágenes que describía Ronquillo.

- Los agustinos – continuó Ronquillo- llegaron con los primeros conquistadores...

La noche se les echó encima y sólo les iluminaban las llamas de la chimenea.

No hay comentarios:

Publicar un comentario